lunes, 15 de septiembre de 2008

¡Nos vamos de despedida!

Casarse. Dícese del error que comete acto que realiza un ser humano por dos posibles motivos:

a) Conseguir el beneplácito de la/el/los suegra/o/os para poder acostarse cada día con la persona amada, sin espías y sin agobios.
b) Si el punto a se logró sin acreditaciones matrimoniales, disfrutar de una merecida despedida de soltero.

Nota: Estamos en horario infantil. Las ventajas de acostarse con la persona amada son, única y exclusivamente, la inigualable sensación de despertar y oirla decirte buenos días y ver lo bonica que está dormida hecha un ovillico cuando te levantas a echar un chorrete.

En el caso que nos ocupa, nuestro protagonista ha marcado la opción b. Lleva viviendo con su novia casi dos años con lo que ya obtuvo la aprobación de sus suegros hace tiempo.

Todos los convocados debéis pensarlo ya y decirme si venís a lo largo de esta semana. Aquellos que decís que vendréis un día nada más, no seáis gandules y veniros los dos días. Así amortizáis más el desembolso.

La semana que viene iremos a comprar. Podéis ir aportando ideas. Yo había pensado hacer barbacoas para cenar y el sábado a mediodía una paella. Tenemos que pensar también si el domingo nos vamos a quedar a comer. Espero que vayáis diciendo cosas.

Ya sabéis que todos aquellos que tengáis novia o esposa tiquismiquis nos tenéis que entregar la autorización debidamente cumplimentada por ella. En este momento no dispongo de ningún ejemplar. Si algún miembro de la organización puede publicarla se lo agradezco. En caso contrario, lo haré yo a la mayor brevedad posible.

Tema monetario: sobre la casa hay dos opciones, con piscina y sin piscina. Cobran por persona y el precio es por fin de semana, y no existe el concepto pagar media casa. Seguramente alquilaremos la casa con piscina, con lo que saldremos a unos 44 euros por persona (el finde completo). Después, pondremos un bote para ir a comprar. Sería aconsejable que la gente vaya desembolsando para así no tener que pedir una hipoteca para comprar la bebida y la comida. Cuando hagamos un presupuesto más detallado, os informo.

Espero confirmaciones. No os hagáis de rogar...

sábado, 13 de septiembre de 2008

Alfred Hitchcock y Calasparra

Hace algo más de 50 años, el famosísimo director de cine de suspense, Alfred Hitchcock, visitaba el pueblo de Calasparra, donde tuvo la oportunidad de asistir a un encierro, ver una novillada y conocer el pueblo. Lo llevaron a visitar algunas peñas, en una de las cuales fue entrevistado para la televisión local de Calasparra. Su anfitrión, el alcalde de aquella época cuyo nombre no recuerdo, le informó de que Calasparra pertenece a la comarca del Noroeste y que es el municipio más al norte de la comarca.

El director, encantado con el pueblo de Calasparra y con el trato recibido, decidió dedicarle su próxima película, llamándola North by Northwest. Incluso creo que intentó rodar algunas escenas por la zona, pero no le fue posible.

Para traducir el título de la película al castellano hubo varias opciones: "Vente a Calasparra, Alfredo", "¡Vaya par de novillos!", para finalmente quedarse con el más comercial "Con la Muerte en los Talones".

¿Conocíais esta historia? Pues nada, ya habéis ampliado un poco vuestra cultura cinéfilocalasparreña.

Paco Sánchez, ésta es la que te decía...



¿Demasiado ambicioso?

La UNED

¿Sabéis todos cómo se creó la UNED? ¿Sí? No me lo creo. Bueno, vale, tú lo sabes, pero todos no, porque el que está detrás de ti ha puesto cara de no saberlo, así que no digas que todos lo sabéis. Pues eso. Sí. Sí, os lo voy a contar. Me da igual, si no quieres oírlo ahí tienes la puerta. Adiós. Ni falta que hace...

Bueno, disculpad, pero es que no me gusta que haya gente aquí que boicotee mis discursos. Hoy os voy a contar cómo se constituyó la UNED. Es un simpático episodio de la historia de nuestro país, que estoy seguro que os gustará conocer:

Todo comenzó hace unos 90 años (o más), cuando dos amigos de un pueblecito de Teruel charlaban distendidamente tomando una caña en el bar de Aurelio:

-- ¿Cómo lo llevas Amancio?
-- Pues ya ves. Aquí estamos.
-- Te noto cansao...
-- Sí, es que esta semana ha sido agitada.
-- ¡Ah! Por el proyecto ese que me contaste, lo de la uniservidad esa, ¿no?
-- No, burro, uniservidad no, es Universidad.
-- Pues eso, lo que yo he dicho. ¿Y en qué consiste eso? Porque me lo contaste pero creo que no te hice mucho caso.
-- Ya, ¡si es que nunca me escuchas, Salvador! La Universidad es algo nuevo, algo diferente de cualquier cosa que conozcas. Un edificio lleno de habitaciones con mesas, pizarras, sillas. Fotocopiadoras, ordenadores... Un lugar al que los jóvenes llegarán bien temprano todas las mañanas y se irán a un sitio llamado La Cafetería de la Universidad. Allí podrán pasar todo el día jugando a las cartas y bebiendo cerveza. Y no sólo eso, Salvador: también podrán encerrarse en unos cuartitos denominados peceras en los que pasarán todo el día sin apartar los ojos del ordenador, hablando con gente de todo el mundo. ¡Hasta de Australia, Salvador!
-- ¡Bah! Seguro que luego acaban hablando por el ordenador con el que está sentado al lado. Eso de Australia, a mí no me convence... ¿y para qué sirven todas esas habitaciones y las pizarras?
-- Porque en esas habitaciones, también llamadas aulas, se impartirán clases: unos señores de mayor edad que los alumnos, denominados profesores, se encargarán de explicar cosas variadas sobre las ciencias, las artes, la historia... ¡cualquier material es válido!
-- Yo podría ser un profesor de esos. Les podría enseñar a los chiquillos a segar.
-- Claro que sí. Te tendré en cuenta. Y lo más importante de todo es que cobraremos a sus padres por eso. Y cobraremos a los alumnos por lo que consuman en La Cafetería de la Universidad. A cambio, después de varios años, los alumnos recibirán un papel gigante llamado El Título.
-- ¿Y para qué sirve eso?
-- Pues todavía no lo sé, pero para algo servirá... ¿qué te parece el proyecto?
-- No sé, Amancio, lo veo raro. Pero nada, alla tú, si estás convencido, no te lo pienses...
-- Bueno, Salvador, paga esto que tengo que irme: me espera la mujer pa no sé qué de unas cortinas...
-- Claro. Si no es una cosa es otra. ¡Ale!, ¡a seguir bien Amancio!

Y con esto, Amancio arrancó su proyecto universitario. Hizo construir un edificio de los de entonces. La fachada era de un color amarillento feo, de un gotelet tan afilado que si pasabas medio trompa por al lado y te apoyabas al perder el equilibrio, al día siguiente te asustabas al verte las manos agujereadas. Por dentro, los techos altos y recargados con motivos religiosos. Funcionalmente, todo salió según los planes previstos. Amancio se forró. Años después, el inventor del negocio y Salvador, que por aquel entonces era profesor de CV1 (Cultivos Variados 1) conversaban de nuevo en el bar de Aurelio.

-- ¿Qué marcha me llevas, Salvador? -- dijo Amancio, el fundador de La Universidad.
-- Pues nada, aquí, descansando de la semana de trabajo. Ha sido dura, los críos no me aprenden a labrar ni a tiros.
-- No te preocupes, hombre, la clave es la tenacidad, la insistencia, la paciencia, la perseverancia...
-- Vale, para, para, no me sermonees.

A Salvador le cansaba el tono instructor en el que siempre hablaba su jefe, el que tantos años fue su amigo y al que nunca más pudo volver a mirar de igual a igual. Se decidió a cambiar esto:

-- Mira Amancio, una cosa te voy a decir.
-- ¿Qué pasa?
-- Que yo también tengo un proyecto.
-- ¡No jodas! ¿Tú? ¿Y qué piensas hacer? ¡No me digas que me vas a dejar tirao!
-- Pues a lo mejor sí. Lo que pasa es que no sé si debo contártelo, podrías apropiarte de mi idea.
-- No, hombre, no, ¿para qué están los amigos?... (palmetazo en la espalda).
-- Está bien, te lo contaré, pero prométeme que no se lo dirás a nadie.
-- Prometido.
-- Mi proyecto se llama La UNED.
-- ¡Ahí va la ostia! ¿Y eso qué coño es, Salvador?
-- Pues es un sitio, parecido al tuyo, pero al que los estudiantes no van a ir, porque va a ser todo a distancia.
-- ¿Cómo a distancia?
-- Como lo oyes. No voy a hacer un edificio, ni tampoco va a existir La Cafetería de La UNED. Todo se hará a distancia. Las clases no existirán. Cada alumno se buscará la vida como quiera.
-- ¿Y los exámenes?
-- Bueno, eso todavía tengo que pensarlo. Seguramente les haré venir un día a todos aquí, al bar del Aurelio y les daré una servilleta para que pongan la alineación del Madrí.
-- ¡Salvador! ¡Eres un genio!
-- Y lo mejor de todo: al final les daremos El Título. El mismo que tú les has estado dando todos estos años. Con la diferencia de que yo me habré ahorrado los profesores, el edificio, etc. Y los alumnos, al no haber clases, no tendrán la necesidad de irse a ninguna cafetería para no aburrirse durante las clases. Dedicarán el tiempo a estudiar. Así, aprenderán más que tus alumnos y hablarán bien de La UNED a sus conocidos, con lo que el negocio irá a más.
-- A ver si nos vas a quitar a los demás las lentejas, Salvador.
-- Todo se andará, Amancio, todo se andará...

Y rieron. Años después, las previsiones de Amancio se confirmaron: miles y miles de sobres llenaban el buzón de su casa, remitidos por jóvenes que, cansados de una educación basada en el café, el chateo y la sota de bastos, se decidían a probar algo que les proporcionara un mejor futuro. Poco tardaron en llegar los edificios de La UNED, y con ellos, delegaciones por toda España, apariciones en la radio, televisión. Lo que se dice un imperio.

Tras esta introducción, queridos lectores (y lectoras), tengo que contaros que ya me he matriculado en la UNED para el próximo curso. Tras una buena temporada pensándolo, y con las ganas de volver a estudiar rondando mi cabeza, me he decidido a estudiar lo que quizá sea más lógico para mí. Estuve pensando en hacer algo así como Historia, Humanidades, Filosofía... finalmente, dejando al margen los romanticismos, me he decidido a comenzar el 2º ciclo de la Ingeniería de la cual tengo el 1º: Informática. Son dos cursos, con asignaturas bastante más entretenidas que en el primer ciclo. Al menos, de forma general. Siempre habrá tostones. En principio he cogido dos asignaturas llamadas:

-- Análisis y Gestión del Desarrollo del Software: es una asignatura anual, cuyo objetivo es enseñar al Ingeniero del software unas pautas a seguir en su trabajo diario. Digamos que te enseña a ser más metódico. El objetivo final: ser más productivo y hacer un trabajo de más calidad.
-- Sistemas Informáticos I: una asignatura del segundo cuatrimestre. En esta asignatura veremos la Programación Orientada a Objetos, y con ella el lenguaje JAVA, con el que haremos una práctica obligatoria. Sin ánimo de vacilar, creo que esta asignatura podría darla de profesor.

De momento, estoy con ilusión. He querido empezar suave, sólo cogiendo dos asignaturas, porque no sé cuándo me voy a cansar de esta nueva obligación, ni si es algo que de verdad me apetezca. Espero descubrirlo pronto. No va a minar mi ánimo el hecho de haberme dado hoy con la puerta en las narices: he ido a Cartagena (55km de ida y otros tantos de vuelta) para que me compulsaran el título de la ingeniería técnica y estaba cerrado. Al menos, me he tomado por ahí un café con Natalio en un bar regentado por media docena de colombianas. Camareras 6 Clientes 2. Muy desequilibrado el partido.

Antes de finalizar este artículo, quería deciros una vez más que me alegro mucho de que os guste el blog a quienes así me lo habéis dicho, y que os prometo que haré todo lo posible por mantener un buen ritmo de publicación de artículos. Ya sabéis que esto está condicionado a los comentarios que reciba: si no hay feedback, no me motivo.

¡Nos vemos!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

One of those days

¿Por qué son necesarios esos días en los que todo sale mal? ¿Qué papel juegan en nuestro desarrollo humano? Supongo que pensaréis que las cosas malas nos curten y que hay que sacar una lectura positiva y un aprendizaje para cuando vuelvan a suceder. Pero, ¿y por qué tendrían que volver a suceder? ¿Pensáis que yo quiero volver a vivir un día como el de hoy? Os aseguro que no.

¿Qué provoca que las cosas malas se sucedan una tras otra el mismo día? ¿No puede pasar una cosa mala al día y el resto que sean buenas? Hay días que todo te sale bien, días que todo sale mal. Yo creo que los seres humanos no necesitamos eso. Nos gusta la estabilidad en algunos aspectos. El problema es que aquí no sabemos a quién debemos reclamar... ni dónde guardamos el ticket.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Calasparra

Las fiestas de los pueblos desconocidos y pequeños suelen dejar huella: te encuentras en un lugar en el que todo es diferente para ti, nuevo completamente. No conoces a (casi) nadie y (casi) nadie te conoce a ti. El anonimato en ocasiones te empuja a liberar tu comportamiento y, por unas horas, convertirte en ese loco que todos llevamos dentro y que no podemos dejar salir así como así. A lo largo de la historia ha habido un sinfín de casos en los que la asistencia a las fiestas de un pueblo no ha pasado desapercibida. En ocasiones las circunstancias incluso recomiendan no demorar en exceso el inicio del viaje de retorno. Y es que tirarle los tejos a la novia del Guardia Civil del pueblo no es moco de pavo.

Ayer sábado, Paco Sánchez, Pacoga y vuestro bloguero favorito se dirigían, poco después de las 8:30 de la mañana, en dirección a Calasparra. Cuando llegamos, allí estaban ya Marcos y Choni. El viaje bien, sin demasiados contratiempos ni hechos dignos de resaltar. Por contaros algo, os diré que en un semáforo nos pidió indicaciones la copilota del coche de al lado que con su aspecto, movimientos y forma de hablar demostraba ser una toxicómana estándar. Nos preguntó que si para Valencia iban bien. Les dijimos que sí, que al final de Juan de Borbón tomaran dirección Alicante. Si os preguntáis que por qué salimos tan temprano, el motivo no es otro que asistir al encierro. Pero llegamos tarde. Y llegamos tarde por tontos (bueno, yo) porque yo pensaba que el encierro era a las 9:30 y, viendo que ya no daba tiempo, hicimos el viaje la mar de tranquilos, parando y todo. Llegamos a Calasparra a las 10:02 y el encierro había sido a las 10:00. En fin, nos pegamos el gran madrugón para nada. Bueno, para nada tampoco, porque en cuanto llegamos allí nos fuimos al lío.

Nos fuimos al bajo que tiene la peña de Agustín. Una peña que, curiosamente, no tiene nombre. Este año alguien la ha bautizado como Sol y Sombra. Nosotros nos pusimos pegatinas de la Peña Cañacuete. El bajo era bastante grande: varios barriles de cerveza, un serpentín, barras, mesas, sillas... lo que se dice un bajo, vaya. Tras recorrer el bajo buscando estanterías con libros para leer y no haber encontrado ninguna, decidí que lo mejor que podíamos hacer allí era comer y beber. Tras pasar allí unos minutos (con un promedio de una caña cada dos minutos) nos fuimos a la Feria de Día a tomar unas cañicas mientras que Agustín se iba a resolver unos asuntos personales. Cuando volvió, nos fuimos a seguir refrescando los gaznates y de ahí a comer a Pepón.

Por la tarde, los toros: novillos bastante grandes para dos novilleros andaluces y un portugués. Un poco floja la corrida. Lo único que se salvó fue la faena del portugués en su primer toro, el tercero de la tarde. Y allí en la grada, nos tomamos una cerveza y nos comimos unos rollos de anís. Todo gentileza de El Porche, una de esas personas que de tantas veces que has oído su nombre apodo crees conocerle de toda la vida.

Después de los toros fuimos a La Rambla para ver en qué estado estaba aquello. En obras. Algunas habitaciones no tenían luz, pero lo importante es que nos encontramos unos colchones que anticipaban un sueño placentero.

La cena fue lo siguiente. En la peña nos hicimos un picoteo variado que estuvo bastante bien. Jamón y una especie de lomo sajonia frío eran los platos principales. Ah, y una ensaladilla que estaba riquísima. Contamos con la compañía de Pipo, un navarro ascensorista y músico que ha venido a las fiestas. Nos contó su amistad con El Drogas y un sinfín de anécdotas. Y cuando le dije que Paco Sánchez toca la guitarra, sacó inmediatamente una púa del bolsillo y se la regaló. Un tío majo, al que parecía hacerle mucha gracia oírme decir "¡no jodas!". Y después de la cena, nos fuimos de fiesta. Nada demasiado importante. Bueno, nos encontramos con una amiga de Agustín que se empeñó en decirme que la invitara a mi boda. Yo le dije que si Agustín quería llevarla de pareja, por mí encantado.

Continuando con lo que os decía en el primer párrafo, tengo que deciros que me llevé una grata impresión de las fiestas y la gente de Calasparra. Si hay algún motivo por el cual las fiestas de los pueblos pequeños dejan huella es porque los lugareños suelen mirar con cien ojos a los forasteros. Y este recelo suele ser mayor cuanto menor es el número de habitantes del pueblo. Aquí no he tenido esa inquietante sensación de sentirme observado. La hostilidad que he notado desde el primer momento en otros lugares, aquí se transforma en hospitalidad. Palabras parecidas, pero qué significado tan distinto. Tengo que reconocer que me he sentido muy bien en Calasparra.

Antes de terminar, quiero mandar un beso a nuestras amigas: Emi (la chica de Bullas que me prometió que entraría al blog; bueno, creo que no me lo prometió, pero yo sé que va a entrar), Isa (la sonrisa de Calasparra) y Ania (con la que ya vuelvo a llevarme bien después del bache por el que hemos pasado :-) ).

Y a María, nuestra queridísima hermana pequeña, le tengo que dedicar un párrafo para ella sola. Que sepas María, que si no me pones un comentario en el blog, no me voy a creer eso de que entras todos los días. :-)

viernes, 29 de agosto de 2008

New York

La ciudad de Nueva York está más de moda que nunca: en un plazo de dos meses van a concurrir allí nuestro querido Nachete, Iván en su viaje de novios y mi compi Javi Clares. Todos ellos con el mismo objetivo: ver qué es eso que hay al otro lado del Atlántico, extraño y conocido a la vez, pues no en vano la primera impresión que se llevarán cuando lleguen a Manhattan y paseen por sus calles será de "¡cómo me suena todo esto!". Y todo gracias a las películas y las series. No sé datos exactos, pero yo diría que un porcentaje bastante alto de las escenas urbanas de las películas americanas están rodadas en las calles de Manhattan. Central Park, el Empire State, el Chrysler Building, el puente de Brooklyn, la Estatua de la Libertad... son tantas cosas.

No quiero irme demasiado por las ramas, porque no quiero que esto sea demasiado extenso. Sí quiero dejar un poco reflejada mi experiencia de las cuatro veces que he estado allí, y contaros las cosas que os aconsejo no os perdáis. También me gustaría que quien haya estado, añada cosas.

Ni mucho menos pretendo hacer una guía completa de viaje de NY. Sólo reflejar las cosas que a mí más me han gustado/impresionado.

Nueva York es una ciudad dividida en cinco distritos (boroughs): Manhattan, Queens, Brooklyn, Bronx y Staten Island. La isla de Manhattan es lo que centrará casi todo este texto. Es el corazón de la ciudad, lo que (casi) siempre se ve en las películas y donde están la mayorías de las cosas chulas. Queens y Brooklyn son dos barrios muy grandes, principalmente residenciales. Ambos son bastante más grandes que Manhattan, a lo mejor 4 ó 5 veces más grandes. El Bronx es el que tiene fama de ser el barrio de los negros y de la delincuencia. Sobre lo primero: yo creo que hay ya más hispanos que negros. Sobre lo segundo, pues de noche parece ser que hay que tener un poquito de cuidado, sí. Por último, Staten Island no tiene nada. Hay un barco que va a la isla y que está bien hacerlo por las vistas del trayecto, pero una vez que el barco llega a Staten Island os aconsejo coger el siguiente barco de vuelta. Allí vive gente y tal, pero no se os ha perdido nada. Ah, y por si alguno está pensando que me he olvidado de Harlem, os diré que Harlem es parte de Manhattan, concretamente la parte norte de la isla. Se aconseja no deambular demasiado por Harlem, especialmente de noche. En principio, las calles principales, de día son seguras. Aunque según por dónde paséis puede que se os queden mirando un poco al no ser muy normal ver blancos por esas latitudes... por cierto, en Harlem tenéis la posibilidad de ir a alguna de esas misas en las que cantan Gospel.

Supongo que tendréis los alojamientos en Manhattan, así que lo primero que tenéis que hacer al llegar es pasear. Dedicar un rato a pasear por las calles. Fijaos en los detalles: las señales de tráfico, los pasos de cebra, los policias, los coches, etc. Observaréis que allí todo es diferente. Desde que os montéis en el coche que os lleve del aeropuerto al hotel, observaréis que todo es distinto a España: los carteles de la autopista (allí son verdes) las señales de tráfico, los pivotes para delimitar las obras o los carriles son de otro color y tienen otra forma y, sobre todo, veréis que los coches son mucho más grandes que los de aquí. Después de unos días allí, vi un Ford Focus por la calle, idéntico al mío, y me partí de risa (lo siento Iván). Se veía tan ridículo al lado de todos los monstruos... no sé a vosotros, pero detalles como éste tan tonto de los coches tan diferentes, a mí me hacen sentir en otro mundo.

Para ese paseo del primer día, os recomiendo la zona de Midtown, que es lo que más os sonará a las películas. Observad lo anchas que son las aceras. Acercaos a la estación de Grand Central. Entrad, que merece la pena. Caminad un poco por Park Avenue, que está muy chula. En Park Avenue vive gente de bastante pasta (creo que ahí vive Big, el novio de Carrie Bradshaw). Y, sobre todo, mirad hacia arriba. Cuando lo hagáis, os daréis cuenta de la cantidad de rascacielos que hay. Algunos quizá piensen que los rascacielos se limitan al Empire State y cuatro más, pero no es así, ni mucho menos. No podéis iros sin ver el CityCorp Building, el Rockefeller Center, el Metlife (antiguamente, el de la PanAm), y por supuesto, el Chrysler Building. De cerca es impresionante. También el Flatiron Building, uno que tiene forma de quesito. Es uno de los más antiguos y, cuando se construyó, era el más alto de Manhattan. Podéis pasar una mañana o una tarde tranquilamente paseando por las calles y mirando hacia arriba, haciendo fotos, etc. Os lo pasaréis pipa. Y es muy importante que subáis al Empire State Building. Cuando veáis la cola os asustaréis y diréis "bah, yo paso", pero no, no paséis. Subid que no os arrepentiréis. ¡Vaya vistas! Pagáis una entrada y podéis estar arriba el tiempo que queráis. Para hacerlo perfecto, lo ideal es que subáis por la tarde, cuando falte un ratito para anochecer. Así veis Manhattan de día, Manhattan anocheciendo y Manhattan de noche. Luego podéis celebrar una animada charla-coloquio sobre cuál de las vistas os ha parecido más chula.

Y aparte de andar y andar y andar, ¿hay algo más? Pos tú verás!

Otro de los paseos fundamentales es por Central Park: ahí podéis pasar un día muy bueno, paseando, comiendo, tirados en el cesped, etc. Os daréis cuenta de cómo se cuidan los neoyorquinos: en España vas a un parque y ves a dos corriendo; allí puedes encontrarte decenas de personas con su iPod en las orejas y corriendo a un ritmo que muchos quisiéramos. En Central Park vale la pena acercarse al Strawberry Fields memorial, en el que hay un mosaico con la palabra "Imagine" en el centro, en homenaje a John Lennon. No olvidemos que enfrente de Central Park está el edificio Dakota, en el que fue asesinado. Desde el parque se ve este edificio por encima de los árboles.
Cuando vayáis a Central Park, os recomiendo que os comáis un perrito en Gray's Papaya. Hay varios por la isla, pero ahí tenéis cerca el de la 72 con Broadway. Aprovecho para deciros que, en Manhattan, las calles de la zona de Midtown son horizontales en el mapa, numeradas de abajo arriba. Las avenidas son verticales y se numeran de derecha a izquierda. Así, se forma una cuadrícula, que es atravesada diagonalmente por Broadway. Bueno, no es tan diagonal como la Avenida Diagonal de Barcelona, pero casi. Si tenéis estas indicaciones en mente, será fácil deducir que la esquina de la calle 10 con la primera avenida, está al sureste y para ir a la esquina de la calle 90 con la décima avenida, tendréis que ir al noroeste. Si os dicen la calle 72 con Broadway, tenéis que saber a qué altura cruza Broadway la 72. En este caso, creo que es aproximadamente por la 8ª avenida. También veréis en los carteles de las calles que cada calle se dice que es Este u Oeste. Por ejemplo: W41 y E41 en realidad son la misma calle, pero a partir de la 5ª avenida cambia de nombre. Otro detalle importante es que entre la 3ª avenida y la 5ª avenida no hay una sino tres, y ninguna de ellas se llama 4ª avenida. Son, de este a oeste, Lexington Avenue, Park Avenue y Madison Avenue. Y más cosas: en realidad no se dice W41 sino W41st. Se leería "West, Forty-First street", lo que en castellano sería "cuadragésimo primera calle - oeste". W42nd = West, Forty-Second street, W43rd = West, Forty-Third street, etc.
Con estas indicaciones básicas, ya podéis orientaros por una gran parte de la isla, y sabréis dar indicaciones a los taxistas.

La famosa Quinta Avenida (Fifth Avenue) es una más de las avenidas verticales que cruzan Manhattan, aunque con varias cosas especiales. Es lo que marca el centro horizontal de la isla: a la izquierda de ella, las calles se llaman oeste (ejemplo, W41st) y a la derecha se llaman este (E41st). En ella me he cruzado a varios famosos (Alberto de Mónaco y algunos presentadores de telediarios españoles) y hay unas cuantas tiendas típicas: Tiffany's, Sachs Fifth Avenue... y la que a mí más me gusta: la tienda oficial de la NBA. Ahí puedo pegarme una tarde sin aburrirme. Y siempre acabo comprando un montón de cosas. Eso sí, es carica. Id con cuidao.

Luego está la parte sur, que eso ya es otro rollo: ahí se acaba la cuadrícula y las calles tienen nombres en lugar de números. En esa parte sur encontraréis muchos de los barrios más carismáticos de la ciudad: el Village, Chinatown, Little Italy, SoHo, Chelsea, Financial District... es fundamental que dediquéis bastante tiempo a estos barrios. Algunas recomendaciones:

Chinatown: es como pasear por China. Ahí todos los que viven son chinos (y asiáticos en general). Podéis ir de compras por ahí, a las tiendas a las que van los chinos para hacer sus compras. Para esto es conveniente que os adentréis en las calles del barrio. Si os quedáis en la calle principal (Canal Street) sólo hay tiendas pensadas para turistas, y ya no molan tanto. Y no dejéis de ir a comer de Dim Sum a un restaurante chino. La camarera pasa por las mesas con un carrito y si te gusta algo de lo que lleva, te lo quedas. Te lo apuntan y listo. Quizá hoy en día es algo que se está implantando ya más por España y no os sorprenda tanto como a mí cuando fui. Os recomiendo el restaurante Mandarin, en Mott Street. He estado varias veces y se come muy bien.

Junto a Chinatown, está Little Italy. La cuna de los italoamericanos. Este barrio cada día es más pequeño porque Chinatown se lo come. Casi se reduce a Mulberry Street y poco más. Si vais sobre la segunda quincena de septiembre pillaréis las fiestas de San Genaro. Decoran la calle, ponen puestos en la calle. Está mono.

En el SoHo hay galerias de arte y cosas así. También gente pintando en la calle. Una zona chula, aunque yo me esperaba algo más. Gema y yo entramos a una galería y pusimos cara de ser gente de pasta. Una dependienta portuguesa nos enseñó algunos cuadros en inglés, hasta que le dijimos que éramos españoles, momento en el cual se puso a hablar portugués... y dejamos de entenderla.

El Village es una zona muy chula. Es la típica zona de casas como la que tiene Carrie Bradshaw, de esas con escaleras a la entrada, árboles en la calle, coches aparcados y poco tráfico... ya sabéis lo que os digo. Además, es un barrio con bastante animación, pubs y tal. En este barrio os recomiendo ir al Village Vanguard, la cuna del Jazz. Está en la 7ª avenida, ya metidos en el Village. Actuaciones en directo muy chulas.

Y totalmente al sur de Manhattan (en la punta de la isla): el puente de Brooklyn, vale la pena ir. Es precioso. Podéis andar por él, tiene una parte peatonal muy segura. Veréis gente corriendo y ciclistas a cascoporro. Por ahí está el distrito financiero, las caídas torres gemelas y muy cerca Wall Street. Si vais en día de diario podéis dar una vuelta para ver a los tíos con el traje y el maletín corriendo por la calle. Aunque eso se ve por toda la isla. No sé si se puede entrar a la Bolsa a verla, imagino que sí.


Más cositas...

Café: veréis muchos Starbucks. A los americanos les gusta mucho pillarse un café de esos en vaso de cartón y tomárselo andando por la calle. A mí me estaban muy buenos pero a Gema, que es muy cafetera, decía que le gustan mucho más los cafés españoles y que le gusta tomárselos tranquilamente sentada y no paseando por la calle. Cuestión de gustos. Ah, y veréis que tienen varias clases de galletas y madalenas y tal.

Librerías. Principalmente dos: Barnes & Noble y Borders. Hay varias de cada, repartidas por toda la isla. Casi todas son muy grandes y están muy bien. Suelen tener cafetería y puedes cogerte los libros y revistas que quieras, gratis, y leértelos tranquilamente tomando un café. No está mal visto, para nada. Es una de las cosas chulas de NY: casi nada está mal visto. Si te apetece ir con chándal y zapatos, pues vas. Ahí nadie te va a mirar raro. Si te apetece pasar un día entero sentado en la cafetería de la librería leyendo revistas, pues estás. Como una biblioteca, vaya. Y suelen tener una sección al entrar que se llama Bargain en la que encontraréis auténticas gangas. Libros superrebajados y otras cosas a precios ridículos. Es lo que tiene NY, que es una ciudad cara, pero en cualquier momento puedes encontrarte una ganga que no seas capaz de creerte.

A mí también me gusta coger periódicos gratis de las calles, de esos que hay en los chismes esos que veréis en muchas esquinas. Hay algunos en los que hay que echar moneda, pero otros son gratis. Especialmente, me gusta coger The Onion. Te partes el culo. :)

Museos. Os recomiendo dos: El Metropolitan (fundamental) y el Museo de Historia Natural. El primero es supergrande y muy chulo. Realmente imprescindible. El MOMA nada, salvo que os guste mucho el arte moderno. Y el Guggenheim podéis verlo desde fuera, y vais servidos.

Estatua de la Libertad: hay un barco que te lleva. Vale la pena ir, aunque sólo sea para dar una vuelta por la isla, y para ver las vistas desde el barco. Dentro hay una tienda y sitios para comer. Yo me compré una corbata con estatuas, muy chula. Ah, os aconsejo ir temprano, que si no pillaréis demasiada cola.

En el Bronx (fuera de la isla, al norte de Manhattan) hay varias cosas: El Zoo, muy recomendable. El Jardín Botánico, también precioso. He estado en los dos sitios y no sé con cuál quedarme. Además, en el Bronx está el estadio de los Yankees de baseball. Bueno, importante hablar del tema deportivo:

Baloncesto: vais a ir en época en la que no hay NBA, aunque quizá haya WNBA (la de gachises). He estado en un partido de cada, y en los dos lo pasé muy bien. Si no hay partidos de baloncesto, podéis ir a ver el MSG (Madison Square Garden). Os lo enseña un guía y os lo va explicando. Vale mucho la pena, a mí me encantó.

Baseball: fui a ver a los Yankees y me lo pasé pipa. Nos hinchamos a comer y, aunque el partido tampoco fue gran cosa, lo pasamos muy bien. Era más la sensación de "estoy en el Yankee Stadium viendo a los New York Yankees" que la de "¡vaya partidazo!".

Fútbol americano (el que se parece al rugby de aquí): es muy difícil conseguir entradas.

Aparte de los deportes, también podéis ir al teatro. La oferta es bastante extensa, principalmente en Broadway. Obras de teatro, musicales, etc.

Id también a Times Square. Sale mucho por la tele, las típicas imágenes nocturnas con muchísimas luces de los anuncios de las fachadas de los edificios. Si os ponéis en medio y miráis hacia todas partes, veréis qué derroche de energia. Y poco más. Hay varias tiendas de esas en plan MegaStore (no sé si de Nike o algo así... o la de ESPN) y muchos reclamos para turistas y carteristas. Aunque si no sois demasiado imprudentes, en general la ciudad es muy segura.

Si os queréis comer una hamburguesa que no se la salta un gitano, hay un sitio muy chulo en la segunda avenida, por la parte baja (Village, creo). No recuerdo el nombre, a ver si lo averiguo...

Un detalle importante: si en los paseos tenéis la necesidad de ir al WC (¿quién no la tiene alguna vez?), no dudéis en entrar en Starbucks, McDonalds o en cualquiera de las librerías que os dije. Los aseos suelen estar más o menos bien limpios y no está en absoluto mal visto que vayas al aseo sin consumir.

Y una curiosidad: yo siempre he tenido la impresión de que, en NY, la Coca-Cola sabe como la Pepsi y la Pepsi sabe como la Coca-Cola. No sé si es una sugestión mía. Probadlas ambas y me contáis. Y las hamburguesas están insípidas y mucho más secas que aquí. Sobre todo insípidas.

Y, por supuesto, podéis salir de Nueva York. Os aconsejo Philadelphia, que está a dos horas de carretera, aproximadamente. Es una ciudad muy bonita y en la que podréis ver detalles del origen de aquel país: La Declaración de Independencia, la Campana de la Libertad, y cosas por el estilo.

Y hasta aquí llegamos de momento. Espero que no os hayáis aburrido demasiado. Luego si tengo un rato pongo algunos enlaces para ampliar algunas cosas.

¡Nos vemos!


EDITO: Se me ha olvidado un tema muy importante: las propinas. En Estados Unidos es prácticamente obligatorio dejar propinas en bares, restaurantes y taxis. Suele ser aproximadamente de un 15%. En el caso de los restaurantes hay una forma fácil de calcularlo, ya que suele venir desglosado en la cuenta (the check en inglés americano; no digáis the bill, que se pensarán que estáis pidiendo un billete) la parte que corresponde a los impuestos. Como éstos suelen estar sobre un 7 u 8 por ciento, basta con que dejéis como propina el doble de los impuestos. Si pagáis con tarjeta, el camarero se llevará vuestra tarjeta y os traerá el papelito para firmar. En este tenéis que poner vosotros la cantidad que queréis que os cobren, incluyendo la propina. Si pagáis en metálico, entonces se hace igual que aquí: cuando os traigan el cambio, dejáis y/o añadís lo que queráis. La propina es casi obligatoria, ya que los camareros no tienen sueldo (o es muy bajo) y viven de las propinas. Por eso, si en algún sitio no dejáis propina, que no os extrañe que salga el camarero detrás de vosotros a preguntaros que qué ha pasado, si es que os han tratado mal, si es que no habéis comido bien... en un taxi, pues lo mismo: no os pondrá buena cara si no le dejáis propina. Aunque a los españoles nos duela, debemos respetar un poco las costumbres del lugar. Excepciones a las propinas: los McDonalds y sitios de ese tipo (Subway, KFC...). En general, si no te sirve un camarero, no se deja propina. Los McDonalds son como tiendas. Y en las tiendas tampoco se deja propina. En los bares se suele dejar también. Ahí no me acuerdo de cuánto es lo estándar, no sé si 1 dólar por consumición. Se deja propina al botones del hotel, si os ayuda con las maletas. No es de extrañar que salgan al taxi a por vosotros y os arrebaten las maletas de las manos para llevarlas ellos: están buscando la propina. Ahí lo estándar es 1 dólar por maleta. Al menos así era antes, no sé si esto habrá cambiado. Sobre la moneda: los billetes de dólar tienen todos el mismo tamaño y color, fijaos en el número que indica la cantidad de dólares que vale. Es bueno llevar en el bolsillo siempre unos cuantos billetes de dólar, son prácticos para las propinas y pagar cosas pequeñas sin que te llenen de chatarra. Porque allí, las monedas prácticamente no se usan. No es común pagar en monedas. Allí la gente se guarda las monedas para la lavandería (casi nadie tiene lavadora en casa). Y ojo a otra cosa: en muchos sitios veréis que el precio es $1, y luego te cobran $1,08. Es por los impuestos (taxes). Casi ningún precio lleva los impuestos, y luego te los cobran. A mí me parece un poco absurdo: ves el cartel de tres pares de calcetines por un dólar. Vas a pagar y dices "¿cuánto es?", y te dicen "un dólar y ocho céntimos". Ridículo. Y otro temita más: el idioma. No tengáis miedo si no os apañáis en inglés porque hay muchos hispanos. Pero tampoco penséis que en NY todo el mundo habla español, que no es así. Ni tanto ni tan calvo. En restaurantes y demás sí es fácil que haya algún hispano entre la tripulación, así que si os agobiáis, podéis preguntar. Y no os deprimáis si creéis saber algo de inglés y luego allí no entendéis nada: la gente habla fatal. Y en un sitio como NY donde hay tantísimos extranjeros, es normal. Los hindús y los chinos hablan muy mal el inglés, tened paciencia.