Por fin, la lista de expedicionarios a Almería está completamente confirmada. Finalmente, esta es la composición de los medios de transporte:
Coche 1.- Pablo, Natalio, Pacoga
Coche 2.- Agustín, Juan Antonio, Jorge
Coche 3.- Damián, Paco Sánchez, Nico
Coche 4.- Yánguel
Talgo.- Nachete
Efectivamente, Nachete al final se viene. Llegará sobre las 3 de la tarde a almería, en el tren. Quedaremos con él para que acuda a donde estemos, bien sea en taxi o yendo a por él, o como sea.
Pues poco más. Espero que no seáis excesivamente huevones para madrugar y podamos estar todos, o casi todos, en Almería a eso de las 12.
¡Hasta mañana!
viernes, 30 de noviembre de 2007
jueves, 29 de noviembre de 2007
El tiempo en Almería
Se prevé un sábado soleado y temperaturas entre 11ºC y 19ºC. Así que, no está mal. Fresquito de cazadora, pero sin excesivo frío nocturno.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
Expedición a la ciudad de Almería
Tras casi una semana después de la última entrada, aquí estamos de nuevo. Disculpen ustedes el paréntesis. Esta vez, no podemos hablar de algo que no sea el viaje a Almería, claro está. La situación es ésta:
Confirmados que sí vamos: Juan Antonio, Agustín, Paco Sánchez, Yánguel, Nico, Damián, Pablete, Jorge, Pacoga y Natalio.
Sin confirmar al 100%, pero casi seguro que sí: Nachete.
Confirmados que no vienen: el resto de la humanidad. Nos causa especial dolor la baja de Juanfran, pieza clave en este tipo de eventos, pero ni que decir tiene que comprendemos su situación familiar y le deseamos lo mejor.
El caso Nachete es que está buscando la mejor combinación posible para bajar de Madrid. Actualmente, baraja opciones como el tren directo Madrid-Almería, o el coche, bajando a Murcia y dejando el coche aquí hasta el domingo. Yo confío en que venga, le he visto animado. Pero por otra parte, también se nota que no ve muy clara la combinación y, si no encuentra alguna que más o menos sea cómoda, no descarto que se eche atrás.
Tema hotelero: reservado y pagado (creo, que lo confirmen los pagadores). Tenemos seis habitaciones dobles, para once que somos. Pensamos que no vale la pena cancelar nada ni hacer movidas. Simplemente tendremos que pagar 20 euros de más entre 11, no llega a 2 euros por cabeza. Mejor así que tener a 3 pobres durmiendo en una habitación con una cama supletoria ahí metida, o a saber, quizá tenga que dormir uno en una bañera (no sé en qué estaba yo pensando, pero había escrito ballena en lugar de bañera). Y no me vale que digáis: "¿qué más da el hotel? si no vamos a dormir, nos vamos de fiesta...". Eso ya no es así. Aquí casi todos estamos ya en la treintena, y necesitamos una cama, con sus sábanas y su almohada.
Si finalmente Nacho se rajare, que espero que no, pues tendríamos que intentar cancelar una habitación, o jodernos y pagarla entre los que vamos. Serían 4 euros más por barba, en total. Tampoco es un dineral, pero sí espero que la próxima vez que le veamos le demos cada uno, una hostia por cada euro. Así la derrama se convertirá en derrame.
Hay gente que me ha preguntado por el plan y tal. Bueno, creo que está claro. Llegada a Almería sobre las 12, coger las habitaciones, reunir el rebaño y buscar la zona de cañas y tapas. Si queréis hacer los deberes, podéis informaros antes de viajar de cuáles son los sitios recomendados, aunque no es necesario ya que Agustín se conoce aquello. A partir del momento de las cañas y las tapas, pues el cuerpo se va dirigiendo solo hacia el café, los cubatas, las cañas de la cena, etc. Improvisación, como siempre.
También hay algunos preocupados por el domingo. Yo creo que vamos coches suficientes como para que pueda haber separación: unos se vuelven temprano, otros se quedan a comer... no creo que haya problemas. En cualquier caso, si queréis, exponed aquí vuestra situación y lo planificamos.
Tema coches. En principio la idea es esta (pongo primero el conductor y propietario de cada coche):
Coche 1: Pablo, Natalio, Pacoga.
Coche 2: Agustín, Juan Antonio, Jorge y Nachete. En este coche, todavía no está confirmado el orden de los dos primeros miembros. Si finalmente me lo llevo yo, es necesario que en mi coche venga Jorge ya que tendría que dejar a mi novia en Alhama. Si vamos en el coche de Agustín ya da igual, porque le dejo a mi novia el coche y no tengo la necesidad de entrar a Alhama.
Coche 3: Damián, Paco Sánchez y Nico.
Coche 4: Yánguel. Este va directo desde Gútar, Michigan.
Si vamos en el coche de Agustín, no hay problema en cambiar a Jorge por Nico. Aunque según me ha explicado Nico, es bastante fácil llegar al punto de recogida. Aquí el que las va a pasar putas es Pablete, que tiene que ir a por Pacoga a Guadalupe, Nebraska.
Bueno, pues creo que está todo claro. Hora de salida no hemos fijado, más o menos que cada coche fije la suya. Pensad en que hay que estar sobre las 12 en el hotel. En próximas entradas publicamos más información sobre cómo llegar, aunque podéis buscar por ahí si queréis. Se llama Hotel Indálico.
¡Qué poquito queda!
Confirmados que sí vamos: Juan Antonio, Agustín, Paco Sánchez, Yánguel, Nico, Damián, Pablete, Jorge, Pacoga y Natalio.
Sin confirmar al 100%, pero casi seguro que sí: Nachete.
Confirmados que no vienen: el resto de la humanidad. Nos causa especial dolor la baja de Juanfran, pieza clave en este tipo de eventos, pero ni que decir tiene que comprendemos su situación familiar y le deseamos lo mejor.
El caso Nachete es que está buscando la mejor combinación posible para bajar de Madrid. Actualmente, baraja opciones como el tren directo Madrid-Almería, o el coche, bajando a Murcia y dejando el coche aquí hasta el domingo. Yo confío en que venga, le he visto animado. Pero por otra parte, también se nota que no ve muy clara la combinación y, si no encuentra alguna que más o menos sea cómoda, no descarto que se eche atrás.
Tema hotelero: reservado y pagado (creo, que lo confirmen los pagadores). Tenemos seis habitaciones dobles, para once que somos. Pensamos que no vale la pena cancelar nada ni hacer movidas. Simplemente tendremos que pagar 20 euros de más entre 11, no llega a 2 euros por cabeza. Mejor así que tener a 3 pobres durmiendo en una habitación con una cama supletoria ahí metida, o a saber, quizá tenga que dormir uno en una bañera (no sé en qué estaba yo pensando, pero había escrito ballena en lugar de bañera). Y no me vale que digáis: "¿qué más da el hotel? si no vamos a dormir, nos vamos de fiesta...". Eso ya no es así. Aquí casi todos estamos ya en la treintena, y necesitamos una cama, con sus sábanas y su almohada.
Si finalmente Nacho se rajare, que espero que no, pues tendríamos que intentar cancelar una habitación, o jodernos y pagarla entre los que vamos. Serían 4 euros más por barba, en total. Tampoco es un dineral, pero sí espero que la próxima vez que le veamos le demos cada uno, una hostia por cada euro. Así la derrama se convertirá en derrame.
Hay gente que me ha preguntado por el plan y tal. Bueno, creo que está claro. Llegada a Almería sobre las 12, coger las habitaciones, reunir el rebaño y buscar la zona de cañas y tapas. Si queréis hacer los deberes, podéis informaros antes de viajar de cuáles son los sitios recomendados, aunque no es necesario ya que Agustín se conoce aquello. A partir del momento de las cañas y las tapas, pues el cuerpo se va dirigiendo solo hacia el café, los cubatas, las cañas de la cena, etc. Improvisación, como siempre.
También hay algunos preocupados por el domingo. Yo creo que vamos coches suficientes como para que pueda haber separación: unos se vuelven temprano, otros se quedan a comer... no creo que haya problemas. En cualquier caso, si queréis, exponed aquí vuestra situación y lo planificamos.
Tema coches. En principio la idea es esta (pongo primero el conductor y propietario de cada coche):
Coche 1: Pablo, Natalio, Pacoga.
Coche 2: Agustín, Juan Antonio, Jorge y Nachete. En este coche, todavía no está confirmado el orden de los dos primeros miembros. Si finalmente me lo llevo yo, es necesario que en mi coche venga Jorge ya que tendría que dejar a mi novia en Alhama. Si vamos en el coche de Agustín ya da igual, porque le dejo a mi novia el coche y no tengo la necesidad de entrar a Alhama.
Coche 3: Damián, Paco Sánchez y Nico.
Coche 4: Yánguel. Este va directo desde Gútar, Michigan.
Si vamos en el coche de Agustín, no hay problema en cambiar a Jorge por Nico. Aunque según me ha explicado Nico, es bastante fácil llegar al punto de recogida. Aquí el que las va a pasar putas es Pablete, que tiene que ir a por Pacoga a Guadalupe, Nebraska.
Bueno, pues creo que está todo claro. Hora de salida no hemos fijado, más o menos que cada coche fije la suya. Pensad en que hay que estar sobre las 12 en el hotel. En próximas entradas publicamos más información sobre cómo llegar, aunque podéis buscar por ahí si queréis. Se llama Hotel Indálico.
¡Qué poquito queda!
jueves, 22 de noviembre de 2007
Aviso a lectores del blog
Un aviso: si tenéis la costumbre de sólo leer los comentarios del último post del blog, id cambiando la costumbre, porque pueden aparecer comentarios nuevos en hilos antiguos. Para no salir locos teniendo que retener en la memoria el número de comentarios que hay en cada hilo, cada vez que entráis, os recomiendo que utilicéis un lector de RSS, para suscribiros a las nuevas entradas del blog y a los comentarios. Si queréis que os dé más información, me lo decís, pero os adelanto que el lector de google está muy chuli. Pulsad aquí para abrir el Google-Reader.
Ya lo sabéis.
Ya lo sabéis.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Efecto dominó
Qué lástima que me lo perdiera. De hecho, si no me lo hubiera perdido, no habría ocurrido. Os cuento:
Ayer, martes 20 de noviembre, a mediodía, nos disponíamos a salir de elpozo para comer fuera. Cuando todavía estábamos en la sala de los sinérgicos, el grupo se dividió en dos: Pacoga, Jorge, Iván y Fernando organizaron una primera avanzadilla, y Pablete y yo nos quedamos unos minutos con la consultica que la ardilla nunca supo ejecutar. El tiempo se nos alargó, de modo que decidimos no ir a Casa Martín y quedarnos a comer en elpozo (por cierto, comimos arriba... vaya papeo!). Le mandé un mensaje a Pacoga para avisarles de que no íbamos. La avanzadilla había preparado la mesa para que pudiéramos sentarnos los seis, juntando dos mesas. Cuando recibió mi mensaje, pensaron: "bueno, ahora que ya sólo seremos cuatro, vamos a quitar la otra mesa y así que la puedan aprovechar". Gran momento: no se dieron cuenta de que había cubiertos, platos y vasos entre las dos mesas, y provocaron una catástrofe de proporciones maquiavélicas. Los platos cayendo, los cubiertos, las copas... el accidente creo que se saldó con una copa muerta y un sinfín de heridos.
Tengo que buscar el video en youtube.
Ayer, martes 20 de noviembre, a mediodía, nos disponíamos a salir de elpozo para comer fuera. Cuando todavía estábamos en la sala de los sinérgicos, el grupo se dividió en dos: Pacoga, Jorge, Iván y Fernando organizaron una primera avanzadilla, y Pablete y yo nos quedamos unos minutos con la consultica que la ardilla nunca supo ejecutar. El tiempo se nos alargó, de modo que decidimos no ir a Casa Martín y quedarnos a comer en elpozo (por cierto, comimos arriba... vaya papeo!). Le mandé un mensaje a Pacoga para avisarles de que no íbamos. La avanzadilla había preparado la mesa para que pudiéramos sentarnos los seis, juntando dos mesas. Cuando recibió mi mensaje, pensaron: "bueno, ahora que ya sólo seremos cuatro, vamos a quitar la otra mesa y así que la puedan aprovechar". Gran momento: no se dieron cuenta de que había cubiertos, platos y vasos entre las dos mesas, y provocaron una catástrofe de proporciones maquiavélicas. Los platos cayendo, los cubiertos, las copas... el accidente creo que se saldó con una copa muerta y un sinfín de heridos.
Tengo que buscar el video en youtube.
martes, 20 de noviembre de 2007
Las ardillas son bonicas... pero ya
Aquí estamos, demostrando que no porque hayamos contado todo el viaje a Sevilla, el blog deba morir. Nunca lo permitiremos.
Os preguntaréis que qué coño significa el título de este post. Hoy se ha vivido un episodio que confirma, una vez más, que ni ardillas, ni hostias. Resulta que nuestro querido amigo Pablete estaba hoy dándose camotazos (la expresión oficial de mi compi Juanjo) porque una consulta no le funcionaba en su querido cliente sql Squirrel (squirrel es ardilla en inglés). Le daba un error de sintaxis. Después de un rato haciendo pruebas juntos, quitándole y poniéndole cosas, hemos hecho la prueba, por desesperación, de copiar y pegar la consulta en el Asistente Sql. ¿Os imagináis el resultado? Pues sospecháis bien: ahí han ido apareciendo, una tras otra, todas las filicas en el grid llenas de datetes. Mientras tanto, la ardilla seguía en sus trece: Syntax error.
Moraleja: dejemos las ardillicas para los parques, que ahí están muy bonicas.
Y ahora, Pablete, dejo la palabra a Agustín, que seguramente te dirá cuatro cosas bien dichas.
Os preguntaréis que qué coño significa el título de este post. Hoy se ha vivido un episodio que confirma, una vez más, que ni ardillas, ni hostias. Resulta que nuestro querido amigo Pablete estaba hoy dándose camotazos (la expresión oficial de mi compi Juanjo) porque una consulta no le funcionaba en su querido cliente sql Squirrel (squirrel es ardilla en inglés). Le daba un error de sintaxis. Después de un rato haciendo pruebas juntos, quitándole y poniéndole cosas, hemos hecho la prueba, por desesperación, de copiar y pegar la consulta en el Asistente Sql. ¿Os imagináis el resultado? Pues sospecháis bien: ahí han ido apareciendo, una tras otra, todas las filicas en el grid llenas de datetes. Mientras tanto, la ardilla seguía en sus trece: Syntax error.
Moraleja: dejemos las ardillicas para los parques, que ahí están muy bonicas.
Y ahora, Pablete, dejo la palabra a Agustín, que seguramente te dirá cuatro cosas bien dichas.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Retorno resacoso
El viaje de vuelta fue tan divertido como el de ida. Las ilusiones dieron paso a los recuerdos y la frescura se transformó en resacón. El buen humor, sin embargo, permaneció intacto. Las tonterías se sucedían sin cesar, unas relacionadas con la juerga, otras con el concierto, y algunas ajenas al fin de semana.
Sabedor de la dificultad de hacer 500 kilómetros de carretera continua y resacosa, con dos descansos esporádicos a lo largo de la ruta pero sin echar un sueñecito en ninguno de ellos, me ofrecí a tomar las riendas de la diligencia, durante un ratito. Ese tiempo sería suficiente para que Agustín renovara sus energias y retomara la marcha con las pilas cargadas. Así, renové el ofrecimiento que ya había hecho la noche anterior, por activa y por pasiva, durante los fragores de la batalla cubatera. Agustín no tardó en aceptar la propuesta, preguntándome si me encontraba en condiciones de llevar la nave a buen puerto. Afirmativa respuesta. Quedamos en que, en la siguiente parada, yo le relevaría.
Al alejarnos de Sevilla, llegó el primer descanso. Ahí, las llaves del Audi pasaron a mis manos y con ellas, la responsabilidad de llevar a su casa a tres treintañeros resacosos casi sin afeitar. Me tranquilicé pensando que, total, tampoco se perdería mucho. Pero claro, eso no lo dije en voz alta para no herirles.
Nos pusimos viento en popa. Yo al volante, Paco Sánchez de copiloto y Pacoga y Agustín detrás. Esto último me sorprendió sobremanera ya que, normalmente, cuando uno cede su coche para que sea conducido por un piloto alternativo, suele ocupar el lugar contiguo para así ir resolviendo cuantas dudas surjan a éste sobre el funcionamiento elemental del vehículo: cómo se sube el aire, debo meter ya la sexta, para qué sirve este botón que pone Volume+... entre otras. Pero no. Se colocó atrás. Y cuando me giré para preguntarle que dónde estaba la palanca, rueda o similar que me permitiría despegarme del volante con el principal objetivo de poder respirar y, ya de paso poder estirar un poco las piernas y conducir el coche, el tío estaba ya roncando. Medio entre sueños, me dijo que tenía la palanca a la derecha. Muevo la palanca. Nada. Forcejeo. Nada. Paco Sánchez se reía, preguntándome: "¿puedes o qué?". Pues no, no podía. Pasé tanto tiempo intentándolo, que el estado de ánimo de la concurrencia (entre los que ya contamos a Agustín, que se había despertado para ayudar) atravesó por muy diferentes estadios: paciencia (bueno, es normal que le cueste... es la primera vez que conduce este coche), intriga (¿qué estará haciendo éste tanto rato con la palanquica?), inicio de desesperación (yo creo que ya lleva bastante rato... vamos, digo yo), desesperación completa (sí, definitivamente, decido que ya lleva demasiado rato). Al final, Agustín se bajó del coche, dio toda la vuelta al mismo y se colocó ante mí para darle él con sus propias manos a la palanca. Tras unos segundos de darle meneos, recordó que ese adminículo nunca me permitiría desplazar el asiento sino abrir una pequeña compuerta destinada a guardar CDs, bolis y artilugios variados. Sus palabras exactas fueron: ¡Coño! Si esta es pal cajón. La del asiento está al otro lado. Descojono general. El sexto en el cuarto de hora que llevábamos ya allí, intentando colocarme el asiento. Primera prueba superada. Siguiente paso: considerando necesario poder maniobrar con los brazos en lugar de llevarlos fijos como los abuelos de 80 años que circulan con la C15, decidí que también quería echar hacia atrás el respaldo del asiento. Esta vez, encontrar la rueda fue sencillo pues está en el mismo sitio que en mi coche. La giré un poco, y cuando creí que ya estaba colocado, Agustín me dijo: No sé, a lo mejor vas a ir un poco repantigao de más.... Me giró un poco y veo que mi espalda forma un ángulo de unos 45º, con respecto al asiento de atrás. El pobre Pacoga estaba casi aplastao. Descojono general, segunda parte. Cuando me vi a mí mismo casi tumbao, después de un cuarto de hora intentando regular el asiento, me entró el ataque de risa total, que tardó un buen rato en irse. Me eché el asiento un poco hacia delante, para acercarme a los 90º. Al final, como no podía ser de otra forma, dije: Bah, nos vamos así, como sea.... Agustín me preguntó que si estaba seguro, un poco receloso por el estado en que, con toda probabilidad, iba a dejar su coche tras no ser capaz de reaccionar al primer imprevisto. Pero sí, lo estaba. Y vaya que si lo estaba. ¡Cómo corría el chisme aquél! Iba camino del carril de aceleración más agusto que todas las cosas. Pensaba para mis adentros: Para ser la primera vez que llevo un Audi, hay que ver qué confianza tengo, ¡cómo le piso!. A continuación, cogí el carril de aceleración, aceleré más todavía para entrar a la autovía y, por curiosidad, mientras aceleraba, miré el cuentakilómetros a ver qué vertiginosa velocidad había alcanzado ya. Iba a 40km/h. Descojono particular y semigeneral, tercera parte. Tratando de salvar el orgullo y de cumplir la ley, me puse a más de 60 y entre en la autovía. El resto de mi turno al volante fue sin contratiempos, con las dudas lógicas de quien coge un coche por primera vez. Los dejé en la primera parada, en la que comimos en la barra unos bocatas, junto a uno de los cientos de miles de grupos de jóvenes que venían del concierto compuestos por cuatro tíos y una tía. La siguiente etapa del viaje, que ya fue la última si no recuerdo mal, fue conducida por Agustín, que nos fue dejando en casa uno por uno.
Nos despedimos de él, conscientes de que era algo más que una despedida después de un viaje de fin de semana, pero también sabedores de que estaba muy lejos de ser una despedida definitiva.
Sabedor de la dificultad de hacer 500 kilómetros de carretera continua y resacosa, con dos descansos esporádicos a lo largo de la ruta pero sin echar un sueñecito en ninguno de ellos, me ofrecí a tomar las riendas de la diligencia, durante un ratito. Ese tiempo sería suficiente para que Agustín renovara sus energias y retomara la marcha con las pilas cargadas. Así, renové el ofrecimiento que ya había hecho la noche anterior, por activa y por pasiva, durante los fragores de la batalla cubatera. Agustín no tardó en aceptar la propuesta, preguntándome si me encontraba en condiciones de llevar la nave a buen puerto. Afirmativa respuesta. Quedamos en que, en la siguiente parada, yo le relevaría.
Al alejarnos de Sevilla, llegó el primer descanso. Ahí, las llaves del Audi pasaron a mis manos y con ellas, la responsabilidad de llevar a su casa a tres treintañeros resacosos casi sin afeitar. Me tranquilicé pensando que, total, tampoco se perdería mucho. Pero claro, eso no lo dije en voz alta para no herirles.
Nos pusimos viento en popa. Yo al volante, Paco Sánchez de copiloto y Pacoga y Agustín detrás. Esto último me sorprendió sobremanera ya que, normalmente, cuando uno cede su coche para que sea conducido por un piloto alternativo, suele ocupar el lugar contiguo para así ir resolviendo cuantas dudas surjan a éste sobre el funcionamiento elemental del vehículo: cómo se sube el aire, debo meter ya la sexta, para qué sirve este botón que pone Volume+... entre otras. Pero no. Se colocó atrás. Y cuando me giré para preguntarle que dónde estaba la palanca, rueda o similar que me permitiría despegarme del volante con el principal objetivo de poder respirar y, ya de paso poder estirar un poco las piernas y conducir el coche, el tío estaba ya roncando. Medio entre sueños, me dijo que tenía la palanca a la derecha. Muevo la palanca. Nada. Forcejeo. Nada. Paco Sánchez se reía, preguntándome: "¿puedes o qué?". Pues no, no podía. Pasé tanto tiempo intentándolo, que el estado de ánimo de la concurrencia (entre los que ya contamos a Agustín, que se había despertado para ayudar) atravesó por muy diferentes estadios: paciencia (bueno, es normal que le cueste... es la primera vez que conduce este coche), intriga (¿qué estará haciendo éste tanto rato con la palanquica?), inicio de desesperación (yo creo que ya lleva bastante rato... vamos, digo yo), desesperación completa (sí, definitivamente, decido que ya lleva demasiado rato). Al final, Agustín se bajó del coche, dio toda la vuelta al mismo y se colocó ante mí para darle él con sus propias manos a la palanca. Tras unos segundos de darle meneos, recordó que ese adminículo nunca me permitiría desplazar el asiento sino abrir una pequeña compuerta destinada a guardar CDs, bolis y artilugios variados. Sus palabras exactas fueron: ¡Coño! Si esta es pal cajón. La del asiento está al otro lado. Descojono general. El sexto en el cuarto de hora que llevábamos ya allí, intentando colocarme el asiento. Primera prueba superada. Siguiente paso: considerando necesario poder maniobrar con los brazos en lugar de llevarlos fijos como los abuelos de 80 años que circulan con la C15, decidí que también quería echar hacia atrás el respaldo del asiento. Esta vez, encontrar la rueda fue sencillo pues está en el mismo sitio que en mi coche. La giré un poco, y cuando creí que ya estaba colocado, Agustín me dijo: No sé, a lo mejor vas a ir un poco repantigao de más.... Me giró un poco y veo que mi espalda forma un ángulo de unos 45º, con respecto al asiento de atrás. El pobre Pacoga estaba casi aplastao. Descojono general, segunda parte. Cuando me vi a mí mismo casi tumbao, después de un cuarto de hora intentando regular el asiento, me entró el ataque de risa total, que tardó un buen rato en irse. Me eché el asiento un poco hacia delante, para acercarme a los 90º. Al final, como no podía ser de otra forma, dije: Bah, nos vamos así, como sea.... Agustín me preguntó que si estaba seguro, un poco receloso por el estado en que, con toda probabilidad, iba a dejar su coche tras no ser capaz de reaccionar al primer imprevisto. Pero sí, lo estaba. Y vaya que si lo estaba. ¡Cómo corría el chisme aquél! Iba camino del carril de aceleración más agusto que todas las cosas. Pensaba para mis adentros: Para ser la primera vez que llevo un Audi, hay que ver qué confianza tengo, ¡cómo le piso!. A continuación, cogí el carril de aceleración, aceleré más todavía para entrar a la autovía y, por curiosidad, mientras aceleraba, miré el cuentakilómetros a ver qué vertiginosa velocidad había alcanzado ya. Iba a 40km/h. Descojono particular y semigeneral, tercera parte. Tratando de salvar el orgullo y de cumplir la ley, me puse a más de 60 y entre en la autovía. El resto de mi turno al volante fue sin contratiempos, con las dudas lógicas de quien coge un coche por primera vez. Los dejé en la primera parada, en la que comimos en la barra unos bocatas, junto a uno de los cientos de miles de grupos de jóvenes que venían del concierto compuestos por cuatro tíos y una tía. La siguiente etapa del viaje, que ya fue la última si no recuerdo mal, fue conducida por Agustín, que nos fue dejando en casa uno por uno.
Nos despedimos de él, conscientes de que era algo más que una despedida después de un viaje de fin de semana, pero también sabedores de que estaba muy lejos de ser una despedida definitiva.
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